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Por Inés Acosta
Inter Press Service
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MONTEVIDEO, Oct. 31, 2009 (IPS) – Contrariamente a lo que está en el imaginario colectivo en Uruguay, la gran mayoría de la población negra no vive más en la zona sur de esta capital donde aún se respira su cultura. Por eso se destaca un proyecto cooperativo de mujeres afrodescendientes que vuelven a su barrio. Luego de un proceso continuo de desalojos y discriminaciones, las familias negras fueron desplazadas a lo largo de las últimas décadas desde los barrios Sur, Palermo y Cordón hacia la periferia de Montevideo, invisibilizadas, lejos de los servicios y de sus raíces.

La fuerte lucha del colectivo afrodescendiente y las señales positivas del primer gobierno de izquierda del país, liderado por Tabaré Vázquez, permitieron hace cuatro años comenzar a transitar un camino hacia la reparación que les permita a los afro-uruguayos volver a los barrios donde se asentaron mayoritariamente y donde aún suenan los tambores. Algunas de las experiencias más importantes en este sentido surgen de la necesidad que tienen las mujeres negras, jefas de hogares, de brindar una vivienda digna a sus familias.

CHICO, PIANO Y REPIQUE
EL parlamento uruguayo aprobó en 2006 la ley 18.059 que declara el 3 de diciembre como el Día Nacional del Candombe, la Cultura Afrouruguaya y la Equidad Racial. Esa fecha, que recuerda el día en que se desalojó el conventillo Medio Mundo, será el marco para la valoración y difusión del candombe, de la contribución de la población afrodescendiente a la construcción nacional y de su aporte a la conformación de la identidad cultural uruguaya. La norma declara de interés nacional “la realización de actividades, acciones educativas y campañas de comunicación que contribuyan a dicho fin, promuevan el combate al racismo y la equidad racial, entendida como garantía de igualdad de oportunidades y goce efectivo de derechos para todos los ciudadanos, con la consiguiente superación de las inequidades que afectan a los afrodescendientes”.

El Estado deberá propender a la realización de tales fines mediante el desarrollo de políticas públicas destinadas al cumplimiento de los principios establecidos por esta ley. También se declara patrimonio cultural del Uruguay al candombe, “caracterizado por el toque de los tambores denominados chico, piano y repique, su danza y canto, creado por los afrouruguayos a partir del legado ancestral, sus orígenes rituales y su contexto social como comunidad”. “Siempre fuimos discriminadas por tres motivos: por ser mujeres, afrodescendientes y pobres. En su mayoría somos todas jefas de familia, porque históricamente en nuestro colectivo se dio el matriarcado”, contó a IPS Alicia García, referente de la Organizaciones Mundo Afro (OMA), creado en 1988 y que reúne a la comunidad negra de Uruguay. “Una de las grandes carencias que tenemos es que nos cuesta muchísimo brindarle a nuestra familia una vivienda digna”, añadió.

Para atender esta problemática, un grupo de mujeres decidió impulsar la creación de cooperativas de viviendas, con ayuda de OMA, en los barrios donde históricamente vivieron y desarrollaron su cultura los afrodescendientes, que son Barrio Sur, Palermo y Cordón, en el sur de Montevideo. La población originaria de estos barrios estaba formada por trabajadores inmigrantes y libertos negros, que alquilaban viviendas y se ubicaban en “conventillos”, como les llamaban en Buenos Aires y Montevideo a las casas colectivas, de uno o más pisos con varias habitaciones, una para cada familia.

En esas grandes casonas se gestó la cultura afro-uruguaya y se desarrolló el candombe, típica música urbana de este país que lo identifica en el mundo. Casi siete por ciento de los 3,3 millones de habitantes de este país son descendientes de africanos. La situación persistió con pocos cambios hasta pasados los años 70, cuando muchas de las familias negras comenzaron a ser desalojadas para apropiarse de los predios, ya de alto valor al estar en una zona céntrica y de desarrollo urbanístico de la ciudad. Este proceso se acentuó en la dictadura cívico-militar (1973-1985).

“Para nosotros lo que sucedió en esos años fue un genocidio y una acción totalmente racista. Los barrios donde estábamos ubicados tenían viviendas de muchos años de construcción. En ese entonces, el gobierno de facto emitió un comunicado informando que se les repararía las viviendas deterioradas a quienes denunciaran el mal estado edilicio de éstas”, cuenta García, quien tenía entonces 12 años. “La gente fue con sus denuncias para que les repararan las viviendas, pero se trató de un engaño, ya que los militares gobernantes juntaron todas esas denuncias y declararon al lugar en estado ruinoso y comenzaron los desalojos aduciendo esa causa. Fue una decepción terrible para todos”, agregó.

DEL DESALOJO COMPULSIVO AL DIGNO REGRESO
García, por vivir muy cerca y tener a toda su familia en ese lugar, resalta el caso dramático del conventillo Ansina, ubicado en el barrio Palermo y que toma su nombre del apodo de Joaquín Lenzina, negro esclavo en su juventud, poeta y conocido en especial en la historia uruguaya como asistente del héroe mayor del país, José Artigas, hasta su muerte en el exilio paraguayo. “A fin de año, cuando la gente estaba esperando las fiestas y todo eso, empiezan a llegar las notificaciones de desalojo. Todos lloraban y algunos murieron antes de irse porque no resistieron que lo desarraigaran de algo que era parte de su vida”, narra.

“Fue terrible ver cómo los empezaban a sacar en camiones. Pasé mucho tiempo separada de mi familia y de mis amigos, quedé allí en el barrio, pero ya no había nadie”, comentó. Según cuenta García, fue un barrio donde “la solidaridad y la humildad estaban a flor de piel y todo se compartía”. “Existían más de 300 familias y todas eran muy numerosas, vivían por piezas (habitaciones) y en espacios físicos muy reducidos”.

“Era muy doloroso ver los camiones que se llevaban a los familiares y a los amigos. Los llevaron a las periferias a lugares como galpones o fábricas donde dividían sus espacios con cortinas de baño o con muebles y tenían que dar cuenta de la hora que entraban y salían”, recuerda con dolor. La dirigente de AOM señala que “después de determinado tiempo les dieron unas viviendas de emergencia en Cerro Norte (un barrio pobre periférico de Montevideo), donde se dio una mezcla de un montón de cosas, porque allí habían llevado a otros vecinos desalojados de otros sitios de la ciudad, todos mezclados”.

Con este pasado doloroso compartido, este grupo de mujeres se propuso recuperar esos espacios y volver a sus orígenes. La idea prosperó y el gobierno de Vázquez, del Frente Amplio (FA) y surgido en 2005, decidió reparar a los últimos habitantes del conventillo Ansina, que fueron desalojados por la dictadura en 1978 y 1979.

Con la asesoría de García como representante del colectivo afro en el Ministerio de Vivienda, se construye un complejo habitacional para darles la oportunidad de volver a algunos de los que fueron desarraigados de ese viejo barrio montevideano, cargado de cultura afro-uruguaya. Para ello se firmó un acuerdo entre el gobierno nacional y el de Montevideo, también del FA, que permitió construir un edificio con 15 viviendas en barrio Palermo, destinado a los viejos habitantes de Ansina y a sus hijos.

“El programa de reparación fue un avance y una conformidad total. Cuando antes le hablábamos de reparación a los gobiernos anteriores (de derecha y centroderecha) era como hablarle del diablo”, dijo García. Otra cooperativa de vivienda, llamada Unidades Familiares Mundo Afro (Ufama al Sur), surgió en 1998 con la idea de crear un complejo habitacional en el Barrio Sur, donde estuvo el conventillo Medio Mundo, también desalojado por la dictadura.

Comenzar esta construcción demoró un tiempo, pero a partir de 2007, cuando se crea la asesoría de la comunidad afro dentro del Ministerio de Vivienda, el proceso se aceleró y se espera que a fin de este año finalicen las obras que beneficiarán a 36 familias afrodescendientes. Con el mismo objetivo, últimamente se conformó la cooperativa de vivienda Ufama Cordón, también de mujeres, en este caso que vivían en el conventillo Gaboto, en Cordón, también víctima de la dictadura.

DONDE SUENAN LOS TAMBORES
La dictadura pudo desalojar a parte de la población negra de Barrio Sur y Palermo, “pero no nos pudieron sacar los tambores y nuestra cultura”, dicen con orgullo bien ganado sus protagonistas. “En las fechas importantes para nosotros siempre vamos a esos barrios, porque allí tenemos nuestro foco. Ahora queremos recuperar en el barrio todo el tiempo perdido, recuperar parte de nuestra cultura, nuclearnos y estar un poco más juntos”, comenta García.

Por su parte, el diputado izquierdista Edgardo Ortuño, primer negro en llegar al parlamento uruguayo pese a la importancia de la población de este origen, explica a IPS que esos barrios son referencias simbólicas muy importantes de la presencia afrodescendiente en el país. “Allí dejaron su aporte cultural, social y económico. El colectivo afro desarrolló en esos lugares la manifestación de su cultura por excelencia, como es el candombe. Los barrios son patrimonio material por sus construcciones que debieron ser protegidas y no destruidas”, agrega.

“También reúnen el patrimonio inmaterial como el candombe y toda la cultura negra. No vivimos ahí, pero logramos mantener una serie de peregrinaciones a esos lugares desarrollando allí nuestra cultura, todo un simbolismo que no pudieron destruir”, sostuvo el legislador frenteamplista. Según explicó, no sólo se ha trabajado en la puesta en marcha de la reparación a situaciones de discriminación racial y de desalojos durante de la dictadura, sino que también se ha avanzado mucho en la sensibilización y en dar conocer las discriminaciones hacia el colectivo afro, que todavía existen.

“Desde el gobierno y el parlamento planteamos una línea de acción que reconociera y valorara la presencia afrodescendiente y su cultura para poder superar la invisibilización y esa falsa construcción histórica de que la población uruguaya es más bien europea, ocultando la presencia indígena y negra”, apunta. “Los daños causados a los afrodescendientes durante la dictadura, que como otros significaron violaciones a los derechos humanos, no fueron incorporados a los daños sufridos en esa época”, señala.

Para Ortuño, los logros alcanzados se dieron sin lugar a duda gracias a la lucha de las organizaciones de afrodescendientes que pusieron el tema en la agenda pública, con un apoyo importante de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y sus agencias, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. También el cambio de signo político del gobierno y la incorporación del primer negro en el parlamento, permitieron que un cambio sea posible.

“Estamos tratando de volver y parte de las políticas del gobierno están orientadas a permitir el retorno a estos barrios. Es una larga marcha, se ha iniciado el camino de reparación y hay acciones a favor, se han hecho cosas que no se hicieron nunca”, afirma. Sin embargo, advierte que, pese a que “se ha avanzado bastante, aún falta mucho”. “Se necesita más asignación de recursos y ampliar el número de beneficiarios. Es un buen comienzo, ahora hay que seguir en esa dirección”, concluyó.

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